ES GLORIA DE QUITO EL DESCUBRIMIENTO DEL RÍO AMAZONAS

Escrito por Don Patricio Rodríguez (vicembajador del Reino en Ecuador)

Los titulos, pruebas, documentos históricos españoles respaldan los derechos amazónicos del Ecuador, por lo mismo que existe una aguda controversia entre las posiciones histórico-jurídicas del Ecuador y del Perú, resulta indispensable señalar los títulos históricos que respaldan los derechos amazónicos del Ecuador y que, en apretada síntesis, son los siguientes:

1.- Es gloria de Quito el descubrimiento del río Amazonas

Detrás de esta bella y precisa frase, acuñada por un cronista español en 1542 de la aventura descubridora, está una realidad incontrovertible, que no puede ser ocultada por los requiebros jurídicos de la interpretación peruana, y es el hecho

de que los expedicionarios salieron de la ciudad de Quito, que en su inmensa mayoría eran quiteños por nacimiento (los indios) o vecinos de la Gobernación de Quito (los españoles) y que sus recursos, bagajes y acémilas habían sido proporcionados también por el territorio quiteño. Es más, no figuraba entre ellos ninguno que pudiera llamarse peruano.

Otras razones que comprueban que la expedición fue concebida y planificada en Quito, y que salió de esta ciudad y no del Cuzco, son la lejanía temporal entre el paso de Gonzalo Pizarro por el Cuzco y su salida hacia «el país de la canela», y la ruta misma de su expedición descubridora, que avanzó de Quito hacia el Oriente por la vía indígena de Papallacta y Baeza, hasta llegar al Coca, desde donde Orellana siguió por el Napo hasta encontrarse con el Amazonas, el 12 de febrero de 1542.

En cuanto a lo primero, salta a la vista la falta de continuidad entre el viaje de Gonzalo Pizarro del Cuzco a Quito y su nuevo viaje de Quito al Oriente, fenómeno que la historiografia peruana trata de explicar aduciendo que «la expedición llegó a Quito y se quedó varias veces porque había que buscar nativos que hablaran castellano, y supieran hacer balsas».

En cuanto a la ruta seguida por Pizarro, obvio es que si ella hubiese sido concebida en el Cuzco y salido desde esa ciudad habría seguido la ruta directa de los ríos Apurímac, Urubamba y Ucayali, en vez de emprender una vuelta tan larga, demorada y costosa como subir a Quito para bajar luego hacia el Oriente.

Recordemos que lo que se buscaba era el PAIS DE LA CANELA, EL DORADO que se relataba que estaba al Oriente, nadie sabía que se iba a descubrir el Río Amazonas. Así que lógicamente toda expedición se dirigiría inmediatamente al Oriente. En el caso de Quito, el Amazonas esta inmediatamente al Oriente, siguiendo la trayectoria geográfica directa del río Napo.

Queda por aclarar el asunto de la autoridad descubridora. La historiografía peruana se ha empeñado en sostener que Gonzalo Pizarro partió en su expedición al oriente «autorizado en el Perú por el Gobernador Francisco Pizarro», (ojo con Gonzalo y Francisco) de lo cual derivarían los supuestos derechos peruanos en el descubrimiento del río Amazonas.

También esto constituye una alteración de la verdad histórica, pues existen pruebas documentales de que el marqués Francisco Pizarro, autorizado por el rey de España mediante el «Convenio de Toledo», dividió su gobernación en dos y creó la Gobernación de Quito, fijándole como linderos, por el Norte, la tenencia de Gobernación de Popayán, y por el Sur, una línea que salía de Paita y seguía por Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y Motilones; en el mismo acto, el marqués designó como Gobernador de Quito a su hermano menor Gonzalo, quien salió del Cuzco para tomar posesión del territorio de su mando.

Tiempo después, ya posesionado del gobierno de Quito, Gonzalo concibió la idea de efectuar una expedición conquistadora hacia «el país de la canela», en busca  de la apreciada especia, y solicitó para ello la colaboración de su Teniente de Gobernador de Guayaquil (Actual ciudad ecuatoriana), el capitán Francisco de Orellana. (Gobernador de Quito: Gonzalo Pizarro – Gobernador de Guayaquil. Francisco Orellana).

Hay muchas pruebas adicionales del origen y carácter quiteño de la expedición. Una de ellas es la magnífica «Relación» de esa audaz aventura descubridora, escrita por el español vicario de Quito que acompañó a Gonzalo Pizarro, fray Gaspar de Carvajal, en la que se lee:

«…Este capitán Francisco de Orellana era capitán y teniente de gobernador de la Ciudad de Santiago de Guayaquil … y por la mucha noticia que se tenía de una tierra donde se hacía canela, sabiendo que Gonzalo Pizarro, en nombre del Marqués, venía a gobernar a Quito y a la dicha tierra que el dicho capitán tenía a su cargo; y para ir al descubrimiento de la dicha tierra, fue a la villa de Quito, donde estaba el dicho Gonzalo Pizarro, a le ver y meter en la posesión de la dicha tierra. … El dicho Gonzalo Pizarro, que era Gobernador, fue en persona a descubrir la canela… y el dicho capitán Orellana en su seguimiento…»

Otra es una carta del propio Gonzalo Pizarro al rey de España, fechada en Tomebamba, el 3 de septiembre de 1542, en la que el conquistador afirma:

«Desde la ciudad de Quito escribí a Vuestra Majestad haciéndole saber… cómo por las grandes noticias que en Quito y fuera de él yo tuve por caciques principales y muy antiguos como por españoles, que confirmaban ser la  Provincia de la Canela y Laguna del Dorado tierra muy poblada y muy rica, por cuya causa yo me determiné de lo ir a conquistar y descubrir».

Pero fue el propio descubridor del Amazonas quien elevó un memorial al rey, en 1543, testimoniando las circunstancias de su hazaña: «El Capitán Francisco de Orellana, natural de la ciudad de Trujillo, que es en estos reinos, digo… porque continuando la voluntad que siempre he tenido de servir a Vuestra Majestad yo salí de las Provincias de Quito con Gonzalo Pizarro al descubri-miento del valle de la Canela…»

De ahí que, en la «Capitulación que se tomó con Francisco de Orellana para el descubrimiento y población de la Nueva Andalucía, año de 1544», suscrita por el Príncipe de Asturias y próximo rey Felipe II, se hizo constar lo siguiente: «Por cuanto vos el Capitán Francisco de Orellana me hicisteis relación que habéis servido al emperador y Rey mi Señor… y continuando la voluntad que siempre habéis tenido de servir a Su Majestad, salisteis de las Provincias de Quito con Gonzalo Pizarro…»

Y de ahí también que uno de los cronistas de esa hazaña, el padre Alonso de Rojas y Fray Gaspar, hayan consignado para la historia aquella frase que eternizara la quiteñidad del Amazonas: «Bien se podrían gloriar Babilonia de sus muros, Nínive de su grandeza, Atenas de sus letras, Constantinopla de su imperio, que Quito las vence por ser llave de la Cristiandad y conquistadora del mundo, pues a esta ciudad pertenece el descubrimiento del gran río de las Amazonas.»

2.- La creación de la Audiencia de Quito reconoció y legitimó plenamente el descubrimiento quiteño del Amazonas.

En efecto, al crear en 1563 la Audiencia y Presidencia de Quito, el rey Felipe II le asignó un amplísimo territorio, que se extendía «por la costa hacia la parte de la Ciudad de los Reyes hasta el puerto de Paita exclusive, de manera que la dicha Audiencia tenga por distrito hacia la parte susodicha los pueblos de Jaén, Valladolid, Loja, Zamora, Cuenca, La Zarza y Guayaquil con todos los demás pueblos que estuvieren en sus comarcas y se poblaren y hacia la parte de los pueblos de la Canela y Quixos ha de tener los dichos pueblos con lo demás que se descubriere.

Dicho en síntesis, el territorio de la nueva audiencia tenía por el sur límites similares a los fijados por Francisco Pizarro a la Gobernación de Quito y se extendía por el suroriente hasta la actual Bolivia;

por el Oriente se extendía, por ambos lados del Amazonas, e incluía las nuevas regiones «que se descubrieren», teniendo como único límite legal la línea fijada por el «Tratado de Tordesillas» para demarcar las posesiones españolas y portuguesas en el área.

3.- La colonización de la hoya amazónica en su parte occidental, fue efectuada y mantenida por la Audiencia de Quito durante toda la etapa colonial.

Si la Gobernación de Quito descubrió el Amazonas en 1542, a partir de 1563 la Audiencia y Presidencia de Quito efectuó un vigorosa y creciente labor de colonización en la hoya amazónica, reiteradamente autorizada por cédulas y reales órdenes de la corona española, que tuvieron su culminación en las cédulas del 12 de abril de 1646 y 16 de julio de 1683, que dispusieron que la audiencia quiteña continuase con su labor colonizadora y evangelizadora en tierras del Marañón.

En el mareo de esa acción, diversas comunidades religiosas quiteñas desarrollaron una activa labor misionera. Los dominicos incursionaron y establecieron misiones en Canelos. Los franciscanos lo hicieron en el área del Putumayo, el Napo y el Marañón hasta las posesiones de Portugal, y alguno de ellos repitió la hazaña de Orellana, viajando desde Quito hasta España.

Los mercedarios y agustinos colaboraron con las expediciones militares que salieron desde Loja hacia las provincias de Jaén y Maynas, situadas en la parte septentrional del Marañón. Pero sin duda fueron los jesuitas quiteños quienes desarrollaron la más amplia labor colonizadora, pues que su labor misional abarcó tanto las zonas de Quijos, Sucumbíos, Pastaza, Napo y Aguarico, al norte del Amazonas, así como las vastas selvas de Maynas y Moxos hasta el Huallaga y el Ucayali, cerca del Cusco.

Un notable misionero y cartógrafo jesuita, el padre Samuel Fritz, elaboró y publicó en Quito varios notables mapas de la hoya amazónica, incluyendo el «Mapa del Gran Río Marañón» (1707), cuyo texto explicativo abunda en detalles sobre la labor colonizadora de Quito. Otros jesuitas quiteños, los padres Brencano y De la Torre, elaboraron el célebre «Mapa de la Provincia Quitensis» de la Compañía de Jesús (1751), donde se evidencia la amplitud de los territorios colonizados por Quito a ambos lados del Río Mar.

La labor misionera y administrativa de la Audiencia de Quito en la hoya amazónica se extendió, no sin tropiezos, hasta la expulsión de los jesuitas de sus dominios americanos por el rey Carlos III (1767). Este hecho afectó notablemente a la labor misionera de España en los territorios orientales y facilitó el avance de la colonización portuguesa, cuyos «bandeirantes» empezaron a penetrar audazmente en Maynas.

Fue en aquella circunstancia que el Gobernador de Maynas y Comisario de Límites, el ingeniero español Francisco de Requena, recomendó la creación del nuevo Obispado de Maynas, para suplir la ausencia de los jesuitas quiteños. Interesada en la preservación de sus dominios amazónicos, la corona española atendió favorablemente el pedido de Requena y dictó la Real Cédula de 15 de

julio de 1802, creando el nuevo obispado y poniéndolo bajo la prelatura del Arzobispado de Lima.

Complementariamente, creó la Capitanía General de Maynas, «para confrontar en lo posible, la jurisdicción eclesiástica y militar de aquellos territorios». En todo caso, la cédula no separaba de la Audiencia de Quito el territorio de Maynas sino que se limitaba a «segregar el gobierno y Comandancia General» de ellos, para agregarlos al Virreinato Perú. En todo caso, esta cédula pasó a ser alegada por el Perú, ya en la época republicana, como prueba de sus supuestos derechos sobre los territorios de Jaén y Maynas.

Un año más tarde, el 7 de julio de 1803, el rey emitió una Real Orden disponiendo que «sobre defensa de la ciudad y Puerto de Guayaquil… debe depender el Gobierno de Guayaquil del Virrey de Lima, y no del de Santa Fe, pues éste no puede darle como aquel en los casos necesarios los precisos auxilios…». Esta disposición fue, desde entonces, argüida por el Perú como título territorial sobre la rica provincia cacaotera de Guayaquil, y sirvió como pretexto para que el Virrey Lima, Marqués de la Concordia, dispusiera en 1810 la total agregación de ella al Perú.

Esto último provocó las protestas del Presidente de Quito, Barón de Carondelet,  y del Procurador del Cabildo de Guayaquil, don Francisco Ventura de Garaicoa. De otra parte, los diputados la provincia de Guayaquil don José Joaquín Olmedo y don Vicente Rocafuerte, elevaron en 1813 un memorial al rey, solicitando que se restableciese la franquicia del comercio de cacao, estrechada por las autoridades virreynales del Perú, pese a las leyes y reglamentos de libre comercio dictado por la corona y con el único objeto de beneficiar al círculo monopolista del Consulado de Lima.

También pedían que se erigiese un Tribunal de Comercio (Consulado) en la provincia de Guayaquil para liberarla de las imposiciones monopolistas del consulado de Lima, y que se autorizase «al Ayuntamiento para proponer al Virrey los sujetos que hayan de servir los empleos de Tenientes Gobernadores en los pueblos subalternos de esta Provincia», porque los Virreyes hacían estas elecciones por palanqueos y nombraban a personas que, «lejos de dedicarse a la administración de justicia, tratan solamente de buscar su utilidad personal».

Finalmente, oídas las protestas quiteñas y guayaquileñas, una Real Cédula de 1819 precisó que la Real Orden de 1803 «solamente le concedía (al Virrey del Perú) jurisdicción y superioridad en lo relativo a la defensa de la ciudad y puerto de Guayaquil» y concluyó restableciendo en esa provincia la plena autoridad y jurisdicción del Virreinato de Santa Fe y disponiendo que el nuevo Virrey de Lima procediera inmediatamente a «la reposición de la ciudad de Guayaquil y su provincia al ser y estado en que se hallaba antes de acordar en el año de 1810 vuestro antecesor el Marqués de la Concordia su agregación a ese Virreinato».

Esas ambiciones peruanas por poseer Guayaquil y la resistencia activa de los guayaquileños contra el monopolio comercial de Lima han llevado a que eminentes historiadores extranjeros sostengan que, el 9 de octubre de 1820, nuestro puerto no solo buscó independizarse de España sino del Perú.

Para la anécdota:

Si es gloria de Quito el descubrimiento del Río de las Amazonas, pues el descubrimiento de la Cueva de los Tayos es gloria guayaquileña.

Esto debido a que la mayoría de exploradores que acompañaron Juan Moricz y Neil Armstrong eran de esta ciudad.

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